Mi Perú cataléptico
06 jun 2011 6 comentarios
“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!” César Vallejo, poeta y escritor peruano, “vaticinó” desde 1918 el sufrimiento de la República del Perú. Hoy, yo sí sé que el presidente electo Ollanta Humala Tasso es el heraldo negro que nos manda la muerte. El domingo 5 de junio transcurrieron las elecciones presidenciales. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) dio como virtual ganador, con el 96% de las actas escrutadas, al candidato de Gana Perú.
Keiko Fujimori, contendora de Fuerza 2011, declaró: “Reconozco su triunfo, saludo su victoria y le deseo suerte”. La candidata fujimorista no hizo más que cumplir con su palabra de reconocer los resultados electorales y añadió: “Seremos una oposición sólida y defenderemos nuestras convicciones”.
Por otro lado, el líder nacionalista dejó a un 51,6% del Perú satisfecho; no obstante, cuenta con una poderosa oposición que comprende el 48,5% de los votantes. El gran recelo y miedo de los peruanos en estas elecciones se reflejó en la Bolsa de Valores de Lima pues registró una baja de 12,51% (la peor caída de su historia). La incertidumbre económica es solo el comienzo. Este golpe sangriento es la crepitación “de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”.
A lo largo de la contienda, encuestadoras de renombre, como Ipsos-Apoyo y Datum, mostraron fluctuaciones en las preferencias electorales de la población peruana. Sin embargo, la tendencia presentada en los últimos días finalmente se cumplió. Esta campaña estuvo llena de “dimes y diretes” entre ambos candidatos y el debate presidencial fue una plaza de toros en la que el capote rojo y el chavismo triunfó. “Agradezco a todos por la confianza depositada en el proyecto nacionalista. La gran transformación está en marcha. Viva el Perú”, expresó Ollanta Humala a los peruanos.
“Y el hombre… ¡pobre, pobre!”. César Vallejo vuelve a identificar lo que el ciudadano peruano afrontará. Desde los primeros días de marzo, delineé mi postura frente a las elecciones y decidí apoyar al candidato de centro-derecha y ex Ministro de Economía del gobierno del ex Presidente Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski. Desafortunadamente, no fue al balotaje tras perder la ubicación contra Keiko Fujimori. La segunda vuelta se convirtió en una pesadumbre. ¿Votaría por un chavista-etnocacerista, ex comandante militar y autor intelectual del Andahuaylazo o por la hija de Alberto Fujimori, un corrupto y “dictador” en su segundo mandato? Como PPKausa opté por asegurar el crecimiento económico de mi país y me convertí en una acérrima PPKeiko. Al poco tiempo de decidir, PPK brindó su apoyo oficial a la candidata fujimorista.
Día tras día, transmití vía Facebook las actualizaciones de la contienda presidencial para informarles a mis amigos peruanos en el extranjero sobre las elecciones nacionales. Publiqué un artículo sobre el financiamiento de la campaña de Humala ya que un ex funcionario de la OEA expresó que Hugo Chávez estaba detrás de sus spots televisivos. Además, notifiqué acerca del fraude cometido por los personeros de Gana Perú y divulgué el punch line de Keiko en el debate presidencial: “Quiero aclararle también que soy yo la candidata, no Alberto Fujimori. Usted, si quiere debatir conmigo pues confronte mis ideas. Si quiere debatir con Alberto Fujimori puede ir a la DIROES”.
Estar en suelo argentino no me alejó de la realidad peruana. Desde la trinchera del cuarto poder luché por la democracia y, esta vez, me tocó perder. Vuelvo mis ojos locos, “y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada”. Quizás mi proselitismo político en las redes sociales no fue suficiente; tal vez debí salir a las calles para apoyar el crecimiento económico del Perú. En los próximos cinco años, sufriré las consecuencias de una elección en la que triunfó “la voz del pueblo”. Me declaro culpable de haber sido indiferente a la concentración de la riqueza y a la discriminación en mi país y, sobretodo, por dejar que mi Perú esté en estado de catalepsia. Hoy, pido perdón con “P” de Patria.
