Clausura del II Congreso Feminista Internacional de Argentina

100 AÑOS DESPUÉS DEL PRIMER ENCUENTRO

Clausura del II Congreso Feminista Internacional de Argentina

El evento organizado por 26 mujeres se llevó a cabo desde el 19 hasta el 22 de mayo en las sedes de la Universidad “J.F Kennedy” y en el Hotel Bauen. Congregó a más de 100 feministas para luchar por los derechos de la mujer.

El hall principal con pisos de madera y paredes enchapadas estaba en el centro del hotel en Callao 360. A su izquierda se encontraba el Office Center y a la derecha, una cafetería con mesas de mantel amarillo y sillas de estilo rococó. Al fondveía la sala “Manuela Saenz” donde se realizó el acto de clausura del Congreso Feminista Internacional. El evento conmemoró el centenario del I  Congreso de 1910, el bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810 y las luchas anticolonialistas en América Latina y el mundo.

La conferencia contó con un formato de mesas temáticas para la exposición de experiencias y de proposiciones y además, con un foro de debate abierto. Los horarios  del congreso estaban estructurados en dos bloques: de 9 a 12:30 en la facultad y de 15 a 20 en el hospedaje. Como fue un evento internacional, tuvo cabinas de traducción de inglés al español y viceversa. Cada invitada disponía del dispositivoAlltron Danish Interpretation System” que contaba con auriculares y micrófono integrado para facilitar la interpretación simultánea.

A las 15, hora estipulada para el inicio del evento, hubo sólo 9 personas en el salón. Una mujer vestida con pantalones cargo, una camisa amarilla con dibujos geométricos, una pashmina verde con aplicaciones doradas y zapatillas Air de básquet, acomodaba la pancarta que decía: “100 años de historia social y de género de las mujeres: 1910-2010”.

A las 15:12 la concurrencia aumentó a 28 mujeres y, tres minutos después, fueron 50.  A las 15:30,  la coordinadora Mónica Tarducci, presentó a las panelistas de la mesa temática: la representante del Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha de Rosario, las estudiantes del Género de la Universidad de Chile y la delegada de la Red Internacional de Museos de las Mujeres.

“¡Viva la huelga! ¡La mujer debe tirar el delantal!”, exclamó la panelista del Movimiento Agropecuario en alusión a las palabras de su líder, María Bulzani.  Se generó un clima armónico entre las espectadoras pues varias asintieron la cabeza y aplaudieron fervorosamente a esta cita.  A las 15:45, con 100 damas en el salón, la expositora declaró: “Nos permite a las mujeres, las que servíamos a hijos y maridos, discutir con gerentes bancarios”.

La voz se le quebró al hablar sobre la marcha de los chacareros que rodeó el Banco de la Nación: “Fuimos detenidas, procesadas  y encarceladas pero obtuvimos el re-cálculo de la deuda”. “Los pequeños chacareros lograron conservar sus chacras”, añadió.  Emocionada, concluyó: “Yo he aprendido a manejar el tractor pero no la camioneta; con uno trabajas y con el otro paseas”.

Las estudiantes de Género de la Universidad de Chile fueron poco emotivas pues leían su discurso de una hoja y se interrumpían entre sí. Las jóvenes expresaron que se debía hacer militancia y acción todo el día, hasta en el ciberespacio. Citaron a Global Voices, la reunión internacional de bloggers, y afirmaron: “Es necesario compartir redes para dar continuidad a nuestra experiencia comunicativa”. En medio de la exposición, una dama de pelo rojizo con chalina rosa de corazones cayó de una silla y se golpeó la cabeza.

Sobresalieron un anciana carismática que a veces parecía quedarse dormida y una pareja joven de lesbianas pues eran distintas al común denominador de espectadoras (mujeres de clase media de aproximadamente 50 años).  A las 17:30 finalizó el acto de clausura y se formularon varias conclusiones: faltan 100 años para el próximo congreso, “debe haber igualdad en la cama, en el hogar y en el país” y se deben crear redes comunicativas para compartir experiencias entre feministas.

Después del cierre, se brindó un espacio para preguntas y comentarios. Luego, en el hall principal hubo puestos de venta e información como el de Yanina Carpentieri que ofrecía el  CD de las pioneras de feminismo y el de Silvia Córdoba que alegraba el congreso con pins que decían: “El machismo mata”, “Fuerza lésbica” y  “Las mujeres no nacimos para ser putas”. A las 18 empezó la marcha callejera por la avenida Callao y Corrientes hasta la calle Libertad. Una señora afroamericana exclamó: “Sin las mujeres no existiría el mundo, por eso me volví feminista”.

Video hecho por María Fe Olivares

Ritmo, color y sabor en “Azúcar Disco Salsa Belgrano”

DOS POR UNO: CLASES DE SALSA Y BOLICHE

Ritmo, color y sabor en “Azúcar Disco Salsa Belgrano”

Gregorio Rangel, Coqui, Yurguen Oviedo y Yordan son cuatro cubanos que ofrecen clases de salsa todos los días en “Azúcar” por sólo 20 pesos. El salsódromo también cuenta con el Resto-Bar “Malecón de la Habana” en sus instalaciones.

La cronista caminó como si estuviera en la canción de Celia Cruz “La negra tiene tumbao”, y divisó un cartel naranja en la avenida Cabildo al 2040 que la guió hacia la puerta del boliche. Al entrar, pisó un tapete negro que decía “Azúcar Disco Salsa Belgrano” y subió por una escalera amarilla decorada con pies de colores.  Una vez en el hall principal, el gerente, Claudio Garreta, le enseñó una galería de fotos en donde aparecían los profesores del  salsódromo con los integrantes del  grupo “Los Van Van” y exclamó: ““¡qué suerte tuve al conocer a diversos íconos de la salsa cubana!”.

El graffiti de una mujer voluptuosa, sensual y pechugona que decía “¡Ay, que ryko latino!”, opacó los colores ocres de las instalaciones. Este mural, acompañado de mesas circulares con sillas de tapiz bordó, decoraba el Restaurante “Malecón de la Habana”,que ofrecía una cena-show y el ingreso al boliche por sólo 70 pesos.

Coqui, un  profesor cubano que trabajó con Valeria Lynch en el Gran Rex,  sentado junto  a la pintura, expresó: “La salsa es como la vida nuestra, es un sentimiento, una expresión corporal para que la gente disfrute”. “Mi cuerpo está acá pero mi alma está en Cuba”, concluyó.

Dos murales de los íconos de la salsa Celia Cruz y Tito Puente,energizaban el segundo piso, donde 22 personas esperaban el inicio de la clase. Sonaron los timbales del son cubano. Un joven robusto, vestido con un jean, una camisa celeste y zapatillas de cuero, giró en el centro de la pista de baile con un rostro confundido.  Una chica con el pelo atado hacia arriba, una remera escotada y unas calzas ceñidas que delineaban su cuerpo escultural, meneó las caderas e hizo delirar a muchos.

La clase contó con tres profesores: el de salsa-bachata, salsa cubana y “salsatón” (salsa y reggaetón). Gregorio Rangel, profesor del último ritmo, gritaba: “uno”, “ahí” y “ah-ah” repetidamente  mientras un señor de edad se reía y abrazaba a una compañera rubia,  bailarina principiante. El instructor vociferó: “¡dale cintura!” y todos sacudieron el esqueleto.

A las 19:15, llegó una muchacha que no se integró rápidamente a la clase. Se puso los zapatos de baile lentamente y miró a sus compañeros. Entre los calzados de la clase predominaban los All Stars y las Nike, pero nunca faltaba una persona distinguida que usara taco aguja.

Los hombres que integraban la mitad de la clase disfrutaron de la salsa, aunque fue notorio que las “colaless” los motivaban. Se emocionaron con el paso del “sube y baja” y de la gozadera mientras trataban de seguir con la coreografía. Sobresalió un muchacho con musculosa blanca por figuretti; cada vez que la cronista miraba la pista de baile, sus ojos se fijaban en la cámara.

A las 20:14, el alumnado se agrupó en la pista de baile. La música sonó intensamente a través del moderno y potente equipo de sonido de la disco. A pesar que la clase finalizó, la melodía retumbó en las paredes y los estudiantes no pararon de bailar.  Tato, el portero del boliche desde hace tres años, exclamó: “¡estoy contento porque sabemos lo que le damos a la gente que viene acá, una experiencia inolvidable!”

“¡Azúcar!”, dijo Celia Cruz cuando “la vida era un carnaval”; “¡Azúcar!” gritó la reina de la salsa  cuando “la negra la tenía tumbao”. “¡Azúcar!” y  hasta la próxima.

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